REFLEXIÓN:
SOBRE EL QUEHACER PEDAGÓGICO
“Enseñar exige seguridad, capacidad
profesional y generosidad”
Paulo Freire
He aquí un texto
que reflexiona sobre el quehacer del docente, reflexión que nace en vistas de la gran responsabilidad de este
en la sociedad y pensando en autores que
han aportado para hacer de esta labor algo dinámico y fructífero.
Cuando como
seres autónomos y responsables escogemos una profesión, estamos haciendo una de
las elecciones más importantes de nuestras vidas, puesto que es aquello lo que
ocupará gran parte de nuestro tiempo y espacio en el transcurso de nuestra
existencia; cuando esta elección se hace de manera consciente estamos
promoviendo el respeto hacia nuestros ideales, hacia una profesión y ante todo
hacia todas aquellas personas que directa o indirectamente se ven involucradas
en nuestra actividad diaria.
Existe una
enorme gama de posibilidades al momento de escoger una carrera universitaria,
aunque lastimosamente esto no equivale a oportunidades económicas y sociales
que permitan la inscripción en las mismas, este es porsupuesto un escollo que
se presenta recurrentemente en nuestro país, el cual atenta lo ya mencionado
(el respeto por unos ideales y unas profesiones), sin embargo hay que hacerle
frente a este inconveniente pues este primer paso de escoger una profesión es
fundamental para guiar el modo en que posteriormente nos vamos a desenvolver en
la misma.
Cuando decidimos
a qué dedicar nuestra vida no es prudente movernos por intereses económicos y
aunque este aspecto no es menos importante no es suficiente para sentir el
debido amor y respeto por el trabajo a desempeñar, por el contrario la decisión debe estar orientada por aquello que nos
motiva, nos enriquece y nos apasiona, y
por tanto nos promueve a tener un desempeño adecuado.
Del mismo modo,
quien toma el camino de la docencia debe tener claro que su labor va más allá
de una simple transmisión de información, esto requiere empeño, dedicación,
investigación, constante lectura y actualización de los conocimientos e ir más
allá de lo que me dicta el contrato, lo
cual es asumir un compromiso con la comunidad en general.
Dado este
espacio para la reflexión traemos a colación una frase de Paulo Freire (1970)
“Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos
desarrollando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a
preguntas que los estudiantes no han hecho”; esto nos lleva a pensar que cuando
estamos frente a un grupo de estudiantes es importante no olvidar que en algún
momento de nuestras vidas también estuvimos en esa posición y que no estamos
exentos de volver a estar allí, si somos conscientes de ello estaremos en la
capacidad de entender qué esperan ellos de nosotros y dejaremos de dar
respuesta a lo que ellos no han preguntado, además de esto lo que nos dice
Freire nos invita a diseñar un método que permita que el estudiante pregunte, y
ello solo se logra cuando nuestro discurso ha conseguido captar su atención e
interés, lo que desembocara en un
ambiente de aula reflexivo, de cuestionamientos y dialogo abierto, un ambiente
en el que se construye y reconstruye el conocimiento.
Si hablamos de
reconstruir y construir conocimiento sobre la base de la horizontalidad estamos
reconociendo en el estudiante un ser capaz, que cuenta con saberes previos que
pueden aportar al proceso de enseñanza-aprendizaje que se está llevando a cabo,
en palabras de Freire “enseñar exige respeto a los saberes de los educandos”,
esta no es una carrera por el que más saberes
tenga sino que es un espacio para socializarlos e irlos edificando.
En este punto es
importante promover el respeto por la opinión ajena, de tal manera que el
estudiante no sienta miedo al hablar, sino que por el contrario se sienta
satisfecho al momento de ser escuchado, como lo dice Freire (1970) “Enseñar
exige saber escuchar”, por otra parte, cuando leo este breve postulado pienso
en que además de saber escuchar hay que tratar de impartir ese “saber”, dado
que en los diversos contextos educativos escuchar al otro suele considerarse
aburrido y de poca importancia, y ese es un prejuicio que debemos combatir ya
que escuchando no solo se está respetando al otro sino que además se está enriqueciendo
con lo que él está aportando, y si no se trata de enriquecernos puede que se
esté dando otro proceso mucho más interesante para cada uno y es reafirmar
posturas, generar contra argumentos y sanas discusiones.
En la actualidad
el conocimiento es la riqueza más valiosa y el espacio de la escuela cobra gran
relevancia puesto que se considera a la educación como un puente que conduce a
la liberación de la mente, que rompe las cadenas de la masificación y la
indiferencia “La pedagogía del oprimido, deja de ser del oprimido y pasa a ser
la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación” (Freire,
1970), nosotros los docentes del siglo XXI somos quienes más clara debemos
tener esta realidad, de nosotros no depende el rumbo de unos cuantos
estudiantes, sino que depende el rumbo de la sociedad en general.
Aunque una
visión un poco romántica, no es irreal, puesto que indiscutiblemente a través
de la educación el hombre se libera y transforma su entorno; a través del
aprendizaje de las letras, de la lectura y de la escritura la mente se va
transformado en un ente receptor y del mismo modo transmisor de ideas,
significados, conocimiento.
También, Desde
las aulas, la literatura, la música, la danza, el juego etc. se pueden ir
transformando las visiones de mundo, se pueden formar seres íntegros,
responsables y transformadores de la sociedad; no hay que escatimar en
recursos, debemos usar lo que tenemos a nuestro alcance para despertar las
mentes que se hayan dormidas y dominadas por la ignorancia y el escepticismo,
esa es nuestra tarea, la cual hemos asumido con absoluta libertad y con todo el
compromiso que se merece.
Es necesario que
nosotros como docentes, responsables del proceso de formación de los niños y
futuros adultos, nos tomemos con seriedad y compromiso los retos que la sociedad
nos plantea; La actualización permanente, el acercamiento al mundo de los
estudiantes, dinamismo pedagógico, todo ello y mucho más está al alcance de
nuestras manos y si no lo está tenemos que buscarlo, nuestra misión no se
reduce a hacer lo que podemos, está en
dar eso y mucho más, nuestra tarea es entregarnos en cuerpo y alma para
contribuir satisfactoriamente a mejorar la calidad educativa, lo cual es en
primer lugar aportar para lograr un sujeto más humano, íntegro, compacto en
todas sus dimensiones, feliz consigo mismo y con los demás.
En la época en
que vivimos, inundados de información es de reconocer que los estudiantes son
en gran medida seres autónomos, libres y precursores de su propio conocimiento,
por ello partir del presupuesto de la subjetividad individual, indagar sobre
las particularidades contextuales que lo rodean, conocer sus deseos y pasiones
son bases claves para llegar a ellos y obtener grandes resultados.
Para finalizar
considero que es de relevancia tomarnos el trabajo de reflexionar a diario
sobre el rol que desempeñamos como docentes en la sociedad actual para así
reconocer la magnitud de esta hermosa labor, asimismo, estamos en la obligación
de conocer y reflexionar sobre
fundamentos teóricos los cuales nos permiten ir recolectando todas
aquellas herramientas que vamos a poner en escena al momento de deslizarnos por
un salón de clase y van a propiciar el éxito que esperamos tener en aquella
instancia decisiva, la cual es decisiva no solo para nosotros y para nuestros
estudiantes sino para la sociedad en general ya que es el ambiente en que estos
posteriormente se desenvolverán.